El sur en tensión: la nueva presión de Argentina a Chile por el Estrecho de Magallanes

El sur en tensión: la nueva presión de Argentina a Chile por el Estrecho de Magallanes

El zarpe de un buque chileno hacia Malvinas reactiva las alertas; Argentina advierte sobre una posible captura y Chile defiende la libre navegación.

El extremo austral de Chile se encuentra tensionado. La controversia por la soberanía del Estrecho de Magallanes —que ya había generado roces diplomáticos con Argentina en agosto y septiembre— sumó un nuevo capítulo esta semana con la amenaza de captura de un buque de bandera chilena que se prepara para zarpar desde Punta Arenas hacia las Islas Malvinas.

La disputa se enmarca en una serie de episodios que han ido escalando desde mediados de año. Primero fueron las declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea Argentina, brigadier Gustavo Valverde, quien vinculó la zona austral con la soberanía de su país. Luego vino el Decreto 457, que estableció pautas de control conjunto en el estrecho y el Mar de Hoces, motivando una nota de protesta formal de Chile. Ahora, la atención está puesta en la ruta que seguirá un carguero chileno y la reacción que podría tener el gobierno argentino.

El buque y la ruta en disputa

Se trata del Danstar, una embarcación de 72 metros de eslora perteneciente a la empresa Easter Island Naviera, con capacidad para 1.389 toneladas de carga. Su destino es Puerto Stanley, en las Malvinas, y transportará alimentos, materiales de construcción y maquinaria.

La decisión de navegar por el Estrecho de Magallanes —en lugar de desviarse por el Mar de Drake— no es casual. Según informes de inteligencia citados por medios chilenos, la ruta por el Drake fue descartada porque podría interpretarse como una renuncia a la soberanía chilena sobre el paso. La alternativa elegida implica que el buque atraviese el estrecho y luego continúe hacia el archipiélago, ingresando a aguas que Argentina considera bajo su jurisdicción.

La amenaza de captura

El presidente de la Liga Naval Argentina, Fernando Morales, planteó ante la Cámara de Diputados de su país la posibilidad de detener el buque chileno. "Cualquier amenaza o puesta en riesgo de la soberanía nacional puede ser considerada tránsito no inocente, con lo cual el buque puede ser detenido", señaló, invocando el artículo 19 de la Convemar.

Morales aclaró que no representa al gobierno argentino ni a sus Fuerzas Armadas, y reconoció expresamente la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes. Sin embargo, su planteamiento se apoya en el Decreto 256/2010, firmado durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, que exige autorización previa para cualquier embarcación que transite entre puertos del continente y las islas Malvinas.

La respuesta chilena

El ministro de Defensa, Fernando Barros, llamó a la prudencia y enfatizó que "todo barco que sale del Estrecho de Magallanes, su navegación no puede ser restringida ni condicionada por nadie". El secretario de Estado descartó que existan antecedentes que justifiquen una escolta militar y confió en que el buque podrá navegar conforme al principio de paso inocente.

Un mercado estratégico

La operación tiene un trasfondo económico relevante. El abastecimiento de las Malvinas es un mercado que supera los 20 millones de dólares anuales y que históricamente ha sido cubierto desde Uruguay. La incursión de una empresa chilena apunta a disputar ese espacio y fortalecer la presencia de las pymes de la Región de Magallanes.

Las autoridades isleñas descartaron que la ruta tenga relación con el proyecto petrolero Sea Lion y afirmaron que el servicio está enfocado en cubrir las necesidades de consumo del archipiélago.

La advertencia de Bianchi: reciprocidad marítima y rutas terrestres

El senador Karin Bianchi fue más allá de la respuesta diplomática y planteó que, en caso de que el barco chileno sea capturado, Chile debería responder con un trato recíproco. Esto implicaría la aplicación de medidas espejo contra embarcaciones argentinas que naveguen por aguas chilenas.

Pero su advertencia no se limitó al ámbito marítimo. Bianchi también mencionó la opción de cortar las rutas terrestres por las que transita la carga argentina que se dirige a Ushuaia. Esto es particularmente sensible, porque esa carga debe atravesar territorio chileno y cruzar el Estrecho de Magallanes para llegar a destino. La sola mención de esta posibilidad introduce un nuevo nivel de riesgo en la disputa, ya que afectaría directamente la logística y el abastecimiento de la ciudad más austral de Argentina.

El fantasma de los tratados

El eventual incidente, de concretarse, significaría un desconocimiento de los tratados de 1881 y 1984, que fijan la jurisdicción chilena sobre el Estrecho de Magallanes y las facilidades recíprocas de navegación. Por ahora, las autoridades chilenas mantienen la calma y confían en que la travesía se desarrolle sin incidentes, pero el episodio deja en evidencia que el sur sigue siendo un tablero donde la geopolítica y los intereses comerciales se cruzan con una historia de disputas que nunca terminan de cerrarse.