El rey, el bandido y el voto: por qué el Estado nos sigue robando y cómo enjaularlo

El rey, el bandido y el voto: por qué el Estado nos sigue robando y cómo enjaularlo

Por Héctor Morales S.

"El Estado es el mayor 'protection racket' de la historia." – Charles Tilly, Coerción, capital y los Estados europeos (1990)

La gente no está loca cuando llama al Estado "el gran ladrón". Está describiendo, con intuición callejera, el pecado original del poder. Como documentó el historiador Charles Tilly, el Estado no nació para acabar con el pillaje, sino para monopolizarlo. Lo que en la antigüedad era botín de un caudillo es hoy impuesto de un gobierno. Lo que fue saqueo de guerra es hoy corrupción de cuello blanco.

"La guerra hace al Estado, y el Estado hace la guerra." – Charles Tilly

El rey germánico que asaltaba aldeas y el político que desvía fondos públicos operan bajo la misma lógica: usar la fuerza unilateral para extraer riqueza ajena. La única diferencia es que el primero no llamaba "ley" a su arbitrio, y el segundo sí.

El caso chileno: privilegios que no asombran a nadie

En Chile, esta realidad ha dejado de ser una sospecha para convertirse en una certeza cotidiana. El financiamiento irregular de la política fue transversal –de izquierda a derecha–, pero el castigo ha sido para unos pocos. Mientras algunos ex parlamentarios fueron condenados a penas efectivas, otros negociaron salidas alternativas o simplemente diluyeron sus procesos en años de trámites judiciales. La percepción ciudadana es clara: la justicia tiene dos puertas.

Hoy, el Poder Judicial y el Ministerio Público están en entredicho. Los casos de corrupción interna –desde el "hermanazo" en la fiscalía de O'Higgins hasta las recientes formalizaciones por cohecho y obstrucción en altas cortes– ya no asombran a nadie. La pregunta recurrente en cada sobremesa chilena es: ¿Estos corruptos irán finalmente a una cárcel común o seguirán en sitios de privilegio, con procedimientos especiales y gestiones discrecionales?

"La impunidad es la madre de todas las corrupciones." – Bobbio, El futuro de la democracia

La respuesta, hasta ahora, ha sido decepcionante. Los fueros parlamentarios, las cortes de apelaciones que se autoprotegen y los protocolos que permiten a jueces y fiscales imputados seguir percibiendo sueldos millonarios mientras "colaboran" son la prueba viviente de aquello que el filósofo Norberto Bobbio llamó el talón de Aquiles de la democracia: la ausencia de control efectivo sobre los controladores.

La democracia prometió ser el freno, pero hoy el freno es decorativo

La democracia occidental prometió ser el antídoto: separación de poderes, prensa libre, elecciones frecuentes. La idea era simple: poner al león en una jaula y darle la llave al pueblo.

Pero hoy, en la práctica, el león tiene la llave. El poder ejecutivo influye en la agenda judicial. Los partidos se reparten las fiscalías. Los medios dependen de la pauta oficial. El resultado es un Estado que se reproduce a sí mismo, donde la corrupción no es un error sino el aceite que lubrica el sistema de privilegios.

"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente." – Lord Acton

Un ciudadano cualquiera mira esta realidad y llega a una conclusión implacable: el carabinero me multa a mí, pero no puede tocar al ministro. El juez me embarga a mí, pero ampara con los fueros al diputado. El fiscal me investiga a mí en 72 horas, pero a su colega corrupto lo investiga durante años. El Estado me controla a mí, pero yo no lo controlo a él.

Esa asimetría es la madre de todos los males. Y si no la corregimos de raíz, seguiremos votando cada cuatro años para cambiar los nombres de los mismos dueños del botín.

Propuestas concretas para enjaular al leviatán

No alcanza con indignarse. Hay que proponer jaulas concretas. Aquí van cuatro, pensadas entre amigos y familiares para Chile pero aplicables a cualquier democracia enferma.

1. Doble vuelta electoral para jueces y fiscales generales
Si el juez que juzga al político es nombrado por el político, la impunidad está garantizada. Propongo que los jueces de la Corte Suprema, los ministros de la Corte de Apelaciones y el Fiscal Nacional sean elegidos por voto popular directo, en fecha distinta a las presidenciales, y con revocatoria de mandato. Que sepan que quien no encarcele al corrupto será encarcelado por el votante.

2. Presupuestos participativos vinculantes con auditoría ciudadana armada.
El Estado no es "ladrón" porque cobre impuestos, sino porque gasta sin control. Propongo que un 20% del presupuesto nacional –especialmente el de los gobiernos regionales y municipios, donde han estallado los casos de convenios– sea decidido en asambleas vecinales vinculantes. Y que cualquier ciudadano pueda auditar una partida sin necesidad de abogado ni de patrocinio judicial. Si me quitan el 30% de mi sueldo, exijo ver cada peso gastado y poder meter preso al que lo desvíe.

3. Fin de los fueros privilegiados.

"La ley debe ser igual para el pobre y para el rico, para el poderoso y para el débil." – Cicerón

Hoy, en Chile, un diputado tiene fuero, un ministro de la Corte Suprema tiene fuero, un fiscal regional tiene protecciones especiales. Propongo la eliminación de todos los fueros parlamentarios, judiciales y diplomáticos. Un diputado corrupto debe ir a la misma cárcel común de Colina II o de Rancagua, y ante el mismo juez, que un ciudadano que roba una gallina. Mientras existan leyes para los poderosos y leyes para los débiles, el Estado seguirá siendo el bandido mayor.

4. Revocatoria de mandato sin causal a mitad de período.
El voto cada cuatro años es muy poco para controlar a un político que empieza a robar al tercer mes. Propongo que cualquier ciudadano pueda activar, con un 10% de firmas del padrón electoral, un referéndum revocatorio sin necesidad de justificar causa. Que los presidentes, intendentes, alcaldes y diputados gobiernen sabiendo que cada dos años pueden ser desalojados por la puerta de atrás.

La esperanza sin ingenuidad

"El problema del Estado no es que tenga poder, sino que nadie tenga poder sobre él." – Adaptación libre de Friedrich Hayek

El Estado nunca dejará de tener la tentación del pillaje: es su naturaleza. Pero podemos convertir su fuerza unilateral en un poder vigilado, corto y frágil. No pidamos un Estado bueno –eso es ingenuo–. Pidamos un Estado débil, con los bolsillos transparentes y las manos atadas.

Y sobre todo, pidamos leyes que nos permitan a nosotros, los ciudadanos, usar la fuerza del derecho contra el derecho de la fuerza. Porque la historia nos enseña que los reyes se vuelven bandidos cuando nadie les pone límites. Y también nos enseña que las repúblicas solo florecen cuando la gente puede encarcelar a sus propios gobernantes.

En Chile, hoy, la pregunta no es si habrá más casos de corrupción. La pregunta es si los corruptos irán a una cárcel común. Mientras la respuesta siga siendo "depende", el Estado seguirá siendo, en los hechos, el gran ladrón.


Referencias bibliográficas:

· Tilly, Charles (1990). Coerción, capital y los Estados europeos, 990-1990. Madrid: Alianza Editorial. (Fragmento clave: cap. 1, "Estados como protection rackets organizados").
· Bobbio, Norberto (1984). El futuro de la democracia. México: Fondo de Cultura Económica. (Cap. sobre "Los límites del poder").
· Acton, Lord (1887). Carta al obispo Mandell Creighton. (Fuente de la frase célebre).
· Hayek, Friedrich (1944). Camino de servidumbre. (Sobre el poder discrecional del Estado).
· Para el caso chileno: Informes de la Comisión Engel (2015), casos SQM, Caval, convenios, y formalizaciones recientes en el Ministerio Público (2024-2025).